miércoles, 7 de abril de 2010

Reflejo.

Conservo una imagen borrosa de ella, sólo recuerdo su fresco aroma y el azul intenso de sus ojos, clavados en mí. Al principio no se acercaba, permanecía sentada en el banco de enfrente, mirándome sin pestañear. Pero finalmente se decidió.

Se sentó en el mismo banco que yo, se apartó el flequillo que le cubría los ojos y se giró hacia mí. Los rizos de su pequeña melena se apartaron de su cara con un suave movimiento de cabeza y pude ver que estaba llorando. Al darse cuenta de mi descubrimiento, se sonrojó mientras me hablaba.

“No te entiendo…”

Parecía todo lo que tenía que decirme. Bajé la mirada para asimilar aquellas palabras y cuando la volví a subir ya no estaba. En su lugar había un pequeño espejo de mano y la verdad estalló ante mí.

Conocía muy bien a aquella chica, era yo.

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