martes, 20 de abril de 2010

Dulces sueños.

La llamaban Princesa de hielo. Decían que era fría, vacía de sentimiento alguno. Decían también que nunca había sido capaz de amar y que su vida era un camino nevado que sólo conducía a un lugar, la nada. Pero sólo una persona supo como era en realidad. Él.

Él pudo llegar a comprenderla, él pudo llegar a quererla. Fue capaz de sentir la calidez de su interior y consiguió derretir todo el hielo que rodeaba su vida. En el momento en que su corazón dejó de latir, él decidió cerrar los ojos para emprender con ella aquel viaje a lo desconocido. No estaba asustado, pues nada podía ser peor que el vacío de su ausencia.

Sólo la Luna fue testigo del último suspiro de la Princesa y su compañero. Y llorando lágrimas de cristal dijo: “Dulces sueños, Princesa de hielo”.

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